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Mostrando las entradas de diciembre, 2019

Lemniscata

Me siento destruido, siento que ya no escapo, mis uñas están en las últimas de tanto rasguñar las paredes, quiero escapar, escapar de mí, de ellos, del mundo, lo siento todo perdido, una desesperanza que me atormenta. Me tomé unas copas, no creo haberme excedido, espero haberlo dejado todo en el olvido, no eres tú, eres yo, somos el mismo e igual nos separamos, somos el monstruo en cada armario, en casa repisa, esa sombra sobre las cornisas, un hombre, un niño, un bebé, no lo sé, ni me enteré, llegué tarde a la sesión de auto definición, y lo siento, pero no sé quién soy, ni para dónde voy, grito, grito, grito, nadie responde, entonces, repito, grito, grito, grito, ¿Alguien me oye? Lo siento, se nos acabó el peyote. Regaleme 5 más de ron. Lo siento, no puedo. Entonces un guaro. Está bien, serán 3. Me parece perfecto, una bebida de casa, una muestra de cariño, unas perdidas y ardor en la garganta. Lo saboreo, me gusta, vuelvo tomar, me encanta, repito  y ahora lo amo, que bello que ...

¡TERRORISTAS! Brevísimo recuerdo del 22N

Ojalá la clase media saliera a manifestarse con el mismo ánimo con el que sale a defenderse de los “vándalos” y las amenazas a su cristalino estado de bienestar. Si tan sólo supieran que su enemigo real es la policía, la institución que siembra terror, pánico e inseguridad para presentarse luego como la gran salvación redentora de todo pecado. En mi conjunto un vecino salió envalentonado reluciendo ostentosamente un arma de fuego, caminando con una insaciable necesidad de reafirmar su virilidad y asesinar a quien se atraviese a entrar al encierro que considera seguro. Una señora, alucinada y a medio vestir, empezó a gritar que se querían tomar todas las unidades, que había que bajar con palos a defendernos de los que querían invadirnos. Yo empecé a sentir miedo, es natural, pero ante la nula evidencia de invasiones al “conjunto de al lado” y la locución magnificente de la policía por los altoparlantes recuperé el raciocinio y la calma. Una moto con dos verdes amaestrados pasó y unos...

Caída Herida, Ascenso Rojo [1/2]

La separación trágica de tú retrato y mi mirada. Eso fue lo que sentí que estaba sucediendo  cuando me pediste la foto que te había tomado frente a la puerta de mi casa. Más que la foto, percibí que me estabas arrancando del pecho el recuerdo de ese día en el que juntamos nuestros labios por vez primera y, con él, todos los segundos que vivimos en conjunto a lo largo de este corto tiempo en el que fuimos. La separación trágica de tu sonrisa vacilante ya era suficientemente dolorosa como para cargar con ella. Pero no, en cuanto te veía difuminarte sonriendo y desfilando esos dientes preciosos, recordé  que tu partida estaba envuelta en un ambiente que me era insoportable. La ciudad quebró sus ollas por el mal gobierno, los privilegios empezaron a cuestionarse. Ante esa barricada, los ermitaños atornillados a la dictadura del privilegio movilizaron por vez primera sus voces en pro de que todo se mantuviera igual, hicieron temblar sus atrofiadas gargantas contra toda acción que...

Tres Poemas

. VACÍO   Y si tu palabra es Hambre  (huraña bestia de escalofrío, voraz larva inalcanzable) huye del imperio impío, arrúllame un suave abismo vuélcate, deslizar sombrío, que yo te esperaré lo mismo.  VISIÓN La orgía de una noche que no llega —que no se ausenta nunca — el fluir de un verso adormecido, el cantar de un pájaro drogado.  ENIGMA Tras tu enajenada sonrisa  entre tus nublados ojos, en esa sangre seca que camina  que merodea inútil por tu cuerpo  hay una esquirla de esperanza: una flor que no germina.  Esa lila camuflada  en tu piel yace dormida  a la espera de un encuentro  algún anuncio alguna huida y en su anhelar amargo —temporalidad perdida — se esconden trampas y misterios la esencia misma de la vida.  Daniel Camilo Fajardo