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Celebrar la detención de Uribe no es celebrar las cárceles

‘’[...] esos que irán dentro de las paredes de la prisión y allí ver en lo que se han convertido los seres humanos cuando se les priva de su libertad, cuando son sujetos al cuidado de guardianes brutales, con groserías, palabras crueles, enfrentándose a mil humillaciones punzantes y agudas, concordarán con nosotros que el aparato entero de la prisión y su castigo es una abominación que debe terminar.’’ -Piotr Kropotkin El pasado cuatro de agosto los noticieros colombianos dejaron de reportar capacidades hospitalarias que van llegando al tope, protocolos de bioseguridad e historias de superación del COVID-19, había una noticia distinta, amplia y destacada después de casi cinco meses en aislamiento preventivo: la Corte Suprema de Justicia ordenó la detención domiciliaria del expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez, sindicado de haber cometido presunto fraude procesal y soborno de testigos. El proceso en el cual Uribe está involucrado es complejo y no es sano pretender resumirlo en un ...

Dos Poemas Para la Encerrona

Amaneció Encerrado  Amaneció, el viento sopló los pastos y los sacó del sopor, el rocio matutino los adornó, el sol siguió su ruta y las nubes se asomaron sin pena, nosotros y nosotras no; amanecimos en encierro, nos amaneció encerrado. Nos dimos cuenta de nuestros cuartos y nuestras casas, de sus muebles pacientes como lápidas, de sus ventanas frías y solitarias, quizás ya un poco sucias de lluvias del pasado que no les  limpiamos, perpetuas pantallas de un paisaje que poco veíamos y que hoy ya nos cansamos de ver, de las cocinas entregadas a grasas aferradas a sus baldosas, de su aire tan reconfortante ahora turbio y agobiante, nos dimos cuenta que podían ser un infierno, nos dimos cuenta también de quienes no las tienen, quizás nos dimos cuenta que en todo caso nunca tuvimos una pieza o una casa a la cual llamar hogar. Amaneció encerrado y nos dimos cuenta de la fragilidad de los días, del otro y la otra al lado, arriba o enf...

Síndrome de abstinencia

Ay, corazón! Tu rostro se difumina cada vez más. No puedo verte con claridad, y tus recuerdos me resultan poco a poco más imprecisos. ¿Acaso es esto el olvido? Me niego a creer que tan anhelado acto se reduzca a no poder contar tus lunares en mi mente como solía hacerlo cuando empecé a sentir que la vida se me caía a pedazos por la ausencia tuya. El olvido debe ser más, lo sé. Espero que lo sea. Porque si se reduce a la incapacidad de recordarte con la inmensa precisión con la que tu imagen me asaltaba al inicio, tendré que aprender a convivir, eternamente, con el dolor que dejaste en mis labios. ¿De que sirve olvidar los detalles si la escencia sigue clavada en el pecho? ¿Está clavada en el pecho, primero que todo? En medio de las florituras literarias no hemos podido aceptar que el amor no es más que una reacción química (cerebral, por demás) y el desamor, por consiguiente, el síndrome de abstinencia. No eres mi amor, en todo caso: eres quien me lo produjo, y esto explica por qué no...