Escapo, y escapo, y escapo, y escapo, y espaco. Lo he hecho tantas veces que ya perdió total sentido, el escapar se volvió una acción predecible para aquello que me acecha, los arboles ya son conocidos, y los caminos ya están exigiendo ser caminados, ya no es mi lugar seguro y solitario, ahora es un centro de reunión chirrete. Recuerdo aún cuando era un niño, normal, con colita de zorro y ojos de rana, normal como me decía mi mamá, corría por el parque con esos amigos que ahora me aconsejan una muerte rápida y sin dolor. El buen gesto nace de las épocas que hemos vivido. No sé si aún sigan siendo mis amigos, pero no quiero pensar que no lo son, y si no lo son prefiero no sentirlos, arrancarme los ojos y lo oídos para no verlos ni escucharlos nunca más. Seguía siendo un niño normal, recorriendo los mares rojos y los vientos enojados, escuchando a mi alrededor las melodías del barrio, buscando a mis amigos, corriendo con mi pelotica en las manos para jugar un juego que me inventé,...
Opiniones críticas sobre la agenda política del país, cuentos, escritos y ensayos sobre los temas de actualidad.