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La vida o el capital


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Foto tomada de eitb.eus 

El COVID-19 es un hecho, ya no es un simple rumor del Asia, ahora es una realidad a la que tenemos que hacerle frente. En medio del caos y la preocupación masiva que se ha tomado al país, todos pensamos en las medidas que se deben adoptar para contrarrestar las consecuencias fatales que pueda llegar a tener la pandemia. Hemos sido testigos de lo que ha sucedido en los países que no hicieron lo necesario a tiempo para detener la propagación y en estos momentos están sufriendo las consecuencias. Italia es nuestro principal referente: el país supera en número de muertes a China y su sistema de salud está en crisis por el exacerbado número de casos.

En tiempos de crisis como el actual, lo mínimo que esperamos es que el poder político esté a la altura para hacer todo lo necesario, en aras de proteger la vida. En medio de las disposiciones hasta ahora tomadas, hay una alta preocupación por lo que sucederá con la economía, razón por la cual muchos no se han tomado en serio el peligro al que nos enfrentamos y han decidido continuar con su vida como si el virus fuera algo de lo que solo se habla en noticias. El gobierno, preocupándose más por el capital económico de las grandes industrias que por la vida de las personas, no solo ha desvirtuado muchas de las medidas tomadas por las gobernanzas locales y regionales, sino que se ha mostrado poco dispuesto a implementar un decreto que busque un aislamiento social para la mayoría. El ensayo que actualmente se está implementando en Bogotá resulta insuficiente para detener la fuerza del virus, por lo cual es necesario que el presidente decrete sin vacilaciones una cuarentena en todo el país, hasta lograr reducir significativamente el pico de infectados.

Las personas tienen miedo de perder sus empleos y de ver reducido su sustento económico, sobre todo aquellos que viven del rebusque diario y que serán los principales afectados por la futura crisis económica. Muchos empleadores por su parte,  siendo indiferentes ante la situación, siguen citando a su personal, y lo seguirán haciendo hasta que una medida extraordinaria del gobierno les haga cambiar de parecer. Tenemos una decisión sumamente importante que tomar: o buscamos proteger la vida a toda costa o mediante salvavidas buscamos seguir produciendo para sostener la economía. Muchos países se han inclinado por la segunda opción y a la larga han pagado su insensatez con vidas humanas, teniendo que tomar en seguida la decisión que no tomaron desde un principio.

Resulta evidente que tanto el gobierno como el sistema económico tienen que ceder: no se puede sostener un comercio activo ni una economía dinámica ante una situación como esta. Si el presidente no toma la decisión de confinamiento obligatorio para todas las personas que no resultan indispensables en sectores claves como la salud, más adelante lamentaremos con lágrimas las consecuencias de su imprudencia. No solo tiene que tomar la decisión de inmediato, sino que además debe garantizar la subsistencia y el confinamiento de todos aquellos que no tienen el suficiente poder adquisitivo para acceder a servicios básicos y abastecerse. La crisis económica ya es un hecho, es una consecuencia inevitable de la que con suerte nos recuperaremos, pero aún pueden salvarse miles de vidas si tomamos la decisión adecuada.

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