Ir al contenido principal

Escapo



Escapo, y escapo, y escapo, y escapo, y espaco. Lo he hecho tantas veces que ya perdió total sentido, el escapar se volvió una acción predecible para aquello que me acecha, los arboles ya son conocidos, y los caminos ya están exigiendo ser caminados, ya no es mi lugar seguro y solitario, ahora es un centro de reunión chirrete. Recuerdo aún cuando era un niño, normal, con colita de zorro y ojos de rana, normal como me decía mi mamá, corría por el parque con esos amigos que ahora me aconsejan una muerte rápida y sin dolor. El buen gesto nace de las épocas que hemos vivido. No sé si aún sigan siendo mis amigos, pero no quiero pensar que no lo son, y si no lo son prefiero no sentirlos, arrancarme los ojos y lo oídos para no verlos ni escucharlos nunca más.

Seguía siendo un niño normal, recorriendo los mares rojos y los vientos enojados, escuchando a mi alrededor las melodías del barrio, buscando a mis amigos, corriendo con mi pelotica en las manos para jugar un juego que me inventé, solía ser muy creativo, o eso me decían mis amigos, trataba de lanzar la pelota en las vías de mi ciudad y ver cómo saltaba entre los automóviles, era muy bonito, muchas veces mis amigos me dijeron que me imaginara yo siendo la pelota, y me entretenía, pup pup pup, yo saltaba entre los carros, feliz, feliz viendo a mis amigos felices y esperanzados porque estaba yo ahí. Ay, mis amigos me acompañaban a todo lado. Recuerdo, también, a una amiga, bueno, yo la quería, y no como se quiere un juguete, no, no, no, mi mamá me dijo que lo que yo sentía era un querer distinto, es que, Dios me entenderá, como no querer a esa muchacha que me abrió los ojos ante mí mismo, que tal vez es por eso que mis amigos me aconsejan que muera, porque son buenos con el mundo, y saben que yo no lo haría bien al mundo. Ella me decía, con toda la verdad del mundo, que yo sólo buscaba llamar la atención, por eso salía con mi pelota gigante a buscar a mis amigos, porque quería que notarán que yo iba por ellos, y que tenía a alguien por quien ir, que todo estaba solo como todos los demás pensaba, y, es cierto, sólo eran ganas de joder y de que me vieran. Vaya que yo sí era superficial.


Estaba dejando de ser un niño normal, mi colita de zorro se había vuelto menos peludita, mis ojos de rana cada vez más de ciervo, no sé, tal vez estaba creciendo, mamá me dijo que eso pasa cuando uno crece. Mi pelotita desapareció, de la nada, pero qué bello fue eso, conocer la nada, mis amigos ya me estaban odiando (Aún los entiendo por eso), mi amiga me había abandonado porque nunca le correspondí cuando ella lo esperaba, era yo y la nada, y ahí me enamoré de ella. Ese vacío infinito, esa ausencia de algo, ese espacio posible por llenar. La nada es tan bonita. Pero, siento que ella ya no me quiere, no sé, la noto extraña y agresiva ante mí, debe ser porque mis amigos volvieron como parte activa de mi vida. Lo siento mi querida nada, pero llegaron a demostrarme que se preocupan por mí, y que quieren que haga las cosas bien, que deje ese egoísmo que tanto me ha caracterizado, que haga algo bueno por el mundo. Son tan lindos mis amigos.

Mi nada adorada, sí que quería llegar a esta parte, adorarte, admirarte, pero nunca tocarte, porque, al final, eres nada. Intangibilidad admirable, inalcanzable, una admiración estúpida. Tor, tor, tor, torpe me digo, marcando tres pasos importantes antes de llegar al salto, al charco, a ese empape completo. Plash. Ya no puedo parar de reír, quedé empapado. Mamá, lo siento, ensucié los zapatos nuevos, y eran blancos, Dios, yo sí que soy un fracaso. Mamá me comprende, y lo hará con todo, no creo que esto sea la excepción, ella me prometió que entendería todo, y confío en ella, mamá entenderá que no era mi intención mancharme. Qué tonto aclarar todo esto, si es que es mi mamá, todo el mundo sabe que entenderá. Entendió. Entiende. Es un amor esa señora.

Pupupum pupupum pupupum pum. Las mismas canciones una y otra vez, qué recuerdos de niño, vivir mis últimos momentos con mis amigos, que me han acompañado toda la vida, cuando me escabullía para jugar con mi hermano, cuando me escondía, esperando que me encontrarán. Siento un gato en mis entrañas. ¿Será que mi cola dejó de ser de zorro? Tengo esa canción en la cabeza desde que llegó. Piu piu piu. Una guitarra sucia, unos platillos que no hacen ausencia. Se hacen notar, ¡igual que mi niño! Qué cosa tan loca esto de conectarlo todo, es bonito, pero no le quita lo loco, igual, la luna a mí me sabe a poco. Vivo en los estantes de su amor, perdido, recordando como era estar afuera. Estoy junto a los juguetes de su infancia. Mi voz ya no grita más, pero, oye, ¡Sácame de aquí! Aún soy divertido, o eso me dijo mamá, hago bonitas payasadas, o, como dice ella, bobadas, y la gente se ríe. Desde pequeño no creo en ser lo que alguien podría amar, pero mamá me dice lo contrario. Yo soy un payaso, no un amante. ¿Ya dije que le tengo miedo a los payasos? Son seres extraños, y les tengo cierta envidia. Ellos pueden ser quienes quieren por un momento, ellos pueden hacer las estupideces que quieran y la gente, entre más estúpidas, más le aplaudan, ¡Las cosas son demasiado extrañas!

Nos matamos o nos envenenamos, qué más da, qué absurdo que es todo. Tanta letra, tanto discurso, demasiado tilintilin y nada de paletas. Lo siento, fue un ataque, recuerden, ya no soy ese niño, qué triste que es eso. Ya no tengo cola ni ojos de animal, pero los recuerdos siguen ahí. ¿Será que entonces tengo esas cosas a manera inmaterial? ¡Son una nada con sentido! Me cansé de mi niñez, ya todo se volvió un sinsentido completo, guitarras punketas, batería atravesada, agudos chillones, gritos out of nowhere, todo se concentra en mi cabeza, un pogo infinito entre mis diferentes etapas. Loco, loco, loco, ten cuidado con tu manilla que nos sacan. Dale, compi, todo estará bien. Qué personaje tan imprudente, ala. Lo que es perder las buenas costumbres. Uno acá en severo monologo frente al espacio y llega este impertinente de la nada. Retomemos otra vez, ¿Sí?

La música suena, la gente se está dando en la geta, qué vaina tan animal, yo, como ya les ilustré, estoy en el baño, la nariz me sangra. Me gusta lo que veo. Tengo el pelo supremamente enredado, y mi cuerpo ya no recibe más trago. ¡Vaya que me he vuelto un desastre! Toda la música a mi alrededor, si me escucho es porque las palabras pasan por mi mente. Me siento en ambiente, es más, no siento nada. ¡Mi hermosa nada otra vez! Mi cuerpo está dormido de tantos golpes, me gusta que esté así. Mi ojo se empieza a cerrar. Creo que no debí tomar tanto. Mi garganta empieza a forzarse. Mi barriga hace fuerza. Mierda, ahí viene. Pensé que podría acabar esta historia. Iugh iugh iugh. Lo siento, ni esto pude acabar. Adiós.
Qué miedo la farra bogotana.

Por: Miguel Valderrama

Comentarios

Entradas más populares de este blog

¿Por qué la empatía es un problema en la posmodernidad?

La empatía es una de las características propiamente humanas que han permitido nuestro progreso como especie, dado que la naturaleza nos ha dotado de un raciocinio superior al de los animales que nos permite crear complejos vínculos sociales basados en modelos de ayuda comunitaria necesarios para alcanzar nuestros objetivos colectivos e individuales. El concepto de sociedad tal cual como lo conocemos carecería de sentido si de plano nadie se preocupara por el otro. La misma supervivencia de nuestra especie se vería afectada si no sintiéramos la necesidad de proteger a terceros con tal de proteger nuestros intereses personales, de no existir la empatía nosotros mismos seríamos los encargados de acabar con nuestra propia especie en la búsqueda de satisfacer nuestros intereses individuales. Históricamente dicha empatía es la que ha impulsado la creación y transformación de muchos de  los sistemas morales y jurídicos que rigen nuestras sociedades, dado que para el funcionami...

Gobierno y Casino [2/2]

<<No he podido dormir en días pensando en que fui el puente entre la señora y la muerte>>, comentó. Añadió como epílogo que la culpa lo carcomía porque siempre recordaba que, luego de pagarle el servicio y antes de abandonar el auto, ella le había dicho que ésta era la tercera y última vez que iba a apostar. Su culpa era la más clásica e irracional de las culpas, la que uno se hecha por no haber sabido el desenlace del futuro antes de haber tomado las decisiones previas a lo trágico, aparentemente simples pero mortales. Agarramos el último semáforo antes del casino en rojo. En el tiempo de espera por la luz verde él acabó el cigarro y me agradeció el haberlo escuchado sin juzgarlo. El semáforo dio el paso y él aparcó el taxi en la esquina y no en la entrada principal del casino. Asumí que era una señal de que no quería transmitirme el mal augurio que le había dejado a la difunta de su cuento, cuyo último lecho había sido el tapete tendido sobre la acera gris que dirigía a ...

Tranquilo, no se te nota

Conocer a alguien siempre presupone enfrentarnos de una u otra manera a nuestros miedos e inseguridades, a experimentar nuestras habilidades sociales y dar a conocernos tal como somos, incluso un poquito más llamativos o interesantes, porque no. Tras iniciar una conversación con un desconocido y poner en práctica nuestras tácticas, se hacen preguntas sobre todo a son de mantener la conversación viva, y al mismo tiempo se analiza todo lo que nuestro cuerpo también intenta decir consciente o inconscientemente, algunos gestos, miradas o risas nerviosas dan pie para que con cierta curiosidad pregunten a manera de eufemismo "¿Que te gusta?" y tú responder pretendiendo no comprender la pregunta, mientras insisten y van al grano para saber si eres gay o bisexual. Puedes responder con total tranquilidad esta pregunta, en caso que lo seas, afirmativamente. Pero muy rara vez las preguntas o condescendencia se detienen allí, y desde la última vez ...