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Hoy decidí salir sin miedo

Hoy decidí salir sin miedo,  sin observar a mi rededor con el temor de una posible persecución, cubierta de rosa en un vestido que se movía junto a las olas del viento tanto como las hojas lo hacen cuando el vendaval se aproxima. Hoy decidí sentirme libre y caminar tranquilamente, soltarme el cabello rizado y dejarlo disfrutar del aire no tan puro, pero finalmente aire; lastimosamente, mi decisión no es suficiente para que lo pueda ejecutar satisfactoriamente. Lo hice, pero ellos tomaron la verdadera decisión por mí, ellos me arrebataron el rosa de mi vestido y lo convirtieron en un negro profundo, ellos me acorralaron y me quitaron mi pureza, me robaron mi libertad con violencia y fuerza, me tocaron la tez tan fuerte que sus dedos aún se marcan en mi piel y siento mi alma desgarrada de tanto dolor que me causaron.

Día tras día cientos de mujeres tienen que convivir con esta situación tan solo en Bogotá, el lugar que refleja la verdadera realidad del país. Según Medicina Legal, entre enero y febrero del 2018 habían sucedido 1.080 asesinatos de mujeres y entre 2010 y 2015 los casos de violencia sexual pasaron de 3943 a 4505, en promedio cada 5 horas dos mujeres son víctimas de violencia por presunto delito sexual (Tiempo, y otros, 2019) ¿Este es el país en el que queremos vivir? ¿O quizá más bien es el país que nos toca?
Estoy cansada de salir con miedo, de no tener la oportunidad de usar un bello vestido sin sentir temor, estoy agotada de los acercamientos innecesarios y palabras obscenas, de recogerme el cabello en el transporte público por miedo a que sea cortado, me siento fatigada de esconderme en las noches por temor a encontrarme con alguien que quiera hacerme daño, de no poder tomar mis decisiones libremente sin ser catalogada como alguien indeseable, es tiempo de levantarnos y dejar de lado todo aquel prejuicio que nos pueda definir. Definitivamente, este no es el país en el que quiero vivir, ni mucho menos el que me toca.




Por: Sara Valentina Díaz.

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