Ir al contenido principal

Lemniscata

Me siento destruido, siento que ya no escapo, mis uñas están en las últimas de tanto rasguñar las paredes, quiero escapar, escapar de mí, de ellos, del mundo, lo siento todo perdido, una desesperanza que me atormenta. Me tomé unas copas, no creo haberme excedido, espero haberlo dejado todo en el olvido, no eres tú, eres yo, somos el mismo e igual nos separamos, somos el monstruo en cada armario, en casa repisa, esa sombra sobre las cornisas, un hombre, un niño, un bebé, no lo sé, ni me enteré, llegué tarde a la sesión de auto definición, y lo siento, pero no sé quién soy, ni para dónde voy, grito, grito, grito, nadie responde, entonces, repito, grito, grito, grito, ¿Alguien me oye? Lo siento, se nos acabó el peyote. Regaleme 5 más de ron. Lo siento, no puedo. Entonces un guaro. Está bien, serán 3. Me parece perfecto, una bebida de casa, una muestra de cariño, unas perdidas y ardor en la garganta. Lo saboreo, me gusta, vuelvo tomar, me encanta, repito  y ahora lo amo, que bello que es el guaro. Lo siento, llegaron por mí, en la otra será, perdónenme por decir perdón. Todo pasará cuando me disculpe a mí mismo.

Mientras tanto, a repetir todos mis vicios.

-Miguel Valderrama

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Dos Poemas Para la Encerrona

Amaneció Encerrado  Amaneció, el viento sopló los pastos y los sacó del sopor, el rocio matutino los adornó, el sol siguió su ruta y las nubes se asomaron sin pena, nosotros y nosotras no; amanecimos en encierro, nos amaneció encerrado. Nos dimos cuenta de nuestros cuartos y nuestras casas, de sus muebles pacientes como lápidas, de sus ventanas frías y solitarias, quizás ya un poco sucias de lluvias del pasado que no les  limpiamos, perpetuas pantallas de un paisaje que poco veíamos y que hoy ya nos cansamos de ver, de las cocinas entregadas a grasas aferradas a sus baldosas, de su aire tan reconfortante ahora turbio y agobiante, nos dimos cuenta que podían ser un infierno, nos dimos cuenta también de quienes no las tienen, quizás nos dimos cuenta que en todo caso nunca tuvimos una pieza o una casa a la cual llamar hogar. Amaneció encerrado y nos dimos cuenta de la fragilidad de los días, del otro y la otra al lado, arriba o enf...

¿Por qué la empatía es un problema en la posmodernidad?

La empatía es una de las características propiamente humanas que han permitido nuestro progreso como especie, dado que la naturaleza nos ha dotado de un raciocinio superior al de los animales que nos permite crear complejos vínculos sociales basados en modelos de ayuda comunitaria necesarios para alcanzar nuestros objetivos colectivos e individuales. El concepto de sociedad tal cual como lo conocemos carecería de sentido si de plano nadie se preocupara por el otro. La misma supervivencia de nuestra especie se vería afectada si no sintiéramos la necesidad de proteger a terceros con tal de proteger nuestros intereses personales, de no existir la empatía nosotros mismos seríamos los encargados de acabar con nuestra propia especie en la búsqueda de satisfacer nuestros intereses individuales. Históricamente dicha empatía es la que ha impulsado la creación y transformación de muchos de  los sistemas morales y jurídicos que rigen nuestras sociedades, dado que para el funcionami...

Gobierno y Casino [2/2]

<<No he podido dormir en días pensando en que fui el puente entre la señora y la muerte>>, comentó. Añadió como epílogo que la culpa lo carcomía porque siempre recordaba que, luego de pagarle el servicio y antes de abandonar el auto, ella le había dicho que ésta era la tercera y última vez que iba a apostar. Su culpa era la más clásica e irracional de las culpas, la que uno se hecha por no haber sabido el desenlace del futuro antes de haber tomado las decisiones previas a lo trágico, aparentemente simples pero mortales. Agarramos el último semáforo antes del casino en rojo. En el tiempo de espera por la luz verde él acabó el cigarro y me agradeció el haberlo escuchado sin juzgarlo. El semáforo dio el paso y él aparcó el taxi en la esquina y no en la entrada principal del casino. Asumí que era una señal de que no quería transmitirme el mal augurio que le había dejado a la difunta de su cuento, cuyo último lecho había sido el tapete tendido sobre la acera gris que dirigía a ...