El país está conmocionado por un caso tan extraño que
necesitaría una exhaustiva investigación digna de un profesional como el
descrito por Arthur Conan Doyle. Si observamos en retrospectiva parece otro
caso para el mítico Sherlock Holmes: Un ingeniero muere en extrañas
circunstancias, exasperado antes de su muerte deja unos sugerentes documentos, para que luego muera su hijo envenenado.
El problema es que en esta ocasión nuestro Sherlock Holmes
está moralmente impedido para investigar un caso en el que él mismo está
implicado. Así es, el hombre que se supone enarbola las banderas de la
legalidad y vehementemente persigue el crimen,
hoy pierde su máscara de íntegro y toda la credibilidad que le quedaba.
Nestor Humberto Martinez, como lo revelan los
comprometedores audios y los diversos documentos, conocía desde el principio la
tremenda ambición de Odebrecht y Corficolombiana. Según la Constitución el
Fiscal preside un organismo que fue creado para investigar delitos, ¿Cómo
puede este tipo proclamarse Fiscal siendo indiferente ante un robo tan
descarado? Todo indica que Pizano confío en su amigo y asesor del grupo Aval, y
éste hizo lo que ordenó su jefe; arreglar un acuerdo en el que Odebrecht
indemnizaba a la empresa colombiana. De acuerdo con lo anterior no hay nada
extraño ni deshonesto, un letrado favoreciendo los intereses de su cliente, un
caso ordinario más. El problema surge cuando este abogado se convierte en
Fiscal, y ahora su cliente no es Sarmiento Angulo sino toda Colombia. NHM se
posesionó Fiscal mucho después de tener en sus manos esta información, y su
silencio, el cual defendió en Caracol para luego quedar en ridículo, por unos
audios revelados por El Espectador, demuestra su cinismo y proceder.
Aprovechando el escándalo Pizano la oposición citó a un
debate en el congreso cuyo objetivo era mostrar el accionar y las
irregularidades de la compañía brasileña, en diferentes contratos con el estado
colombiano. La información expuesta por los senadores Robledo y Petro bastó
para que el Fiscal se presentara a declarar en el parlamento. No se enfocó en
refutar las pruebas, sino en acudir al ataque personal hacia los líderes de la
oposición, lo que confirmó su cólera y falta de argumentos.
Como es obvio la
senadora Paloma Valencia y su partido defendieron a la pobre víctima de
persecución política. Protegiendo a la ficha clave del Centro Democrático -Néstor
Humberto Martínez- encauzaron la atención de la opinión popular y de los medios
amarillistas hacia un supuesto fraude del excandidato presidencial Gustavo
Petro. Presentando un video en el que recibía unos fajos de billetes, lograron
que la gente dejara de lado el caso Pinzón y fijara su atención en una grabación
del 2006, olvidando que mientras estas compañías le roban miles de millones de
pesos al país, el presunto escándalo de corrupción del senador es de algunos
millones de pesos.
Estoy de acuerdo en que se investigue qué hacía el senador
recibiendo ese dinero, y en que él dé sus declaraciones al respecto, pero en lo
que no estoy de acuerdo es en que insulten nuestra inteligencia haciendo a un
lado lo sustancial del debate y la telaraña Odebretch.
Varias cuestiones se abordan en este caso: de nuevo se pone
en duda la eficiencia de la institucionalidad colombiana; examinamos cómo los
funcionarios de organismos tan relevantes favorecen los intereses de particulares
y no del colectivo; observamos cómo la justicia está incapacitada para resolver
estas investigaciones por un aparente conflicto de intereses y lo más
importante: se violan los derechos y se es indiferente ante acusaciones legítimas
y fundamentadas de un controller que solo quería hacer lo correcto.
El problema de fondo es que en Colombia abundan las personas
que quieren hacer lo correcto, aquellas que quieren que se haga justicia y no se
permiten ser ajenos a su país, pero también abundan aquellas que solo piensan en ellas y justifican de manera perversa su deshonestidad. Colombia necesita más pizanos y menos martinez .Tenemos
que vigilar y ser partícipes del debate y del proceso de la investigación, de
lo contrario sucederá lo que siempre sucede: los mismos de siempre se salen con
la suya y el asunto queda en la impunidad.

Comentarios