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Duque: un año de desaciertos

El gobierno prospero que prometió el uribismo ha destacado más por su incompetencia que por sus logros. La siguiente columna tiene por objeto recordar las decisiones y posiciones que ha tomado el gobierno y que en absoluto coinciden con los intereses y necesidades del país.

Este 7 de agosto Iván Duque cumplió un año presidiendo la Casa de Nariño, un año en el que su mandato ha pasado desapercibido y en el que ha quedado demostrado que le quedó grande gobernar a Colombia. Mientras que sus resultados sustentan lo anterior, medios como la revista Semana se han dedicado a dulcificar sus errores, calificando su exiguo primer año como "Un año de aprendizaje", como si la presidencia fuera un simple diplomado al que se llega a aprender, ignorando la competencia e idoneidad que exige el cargo más importante del país. Durante este lapso de tiempo, el presidente se ha dedicado a continuar en campaña , mostrando en sus intervenciones su característico tono diplomático con el que promete más de lo que cumple. Su administración se ha limitado a recorrer varios países, estrechando amistosamente manos importantes, siempre atento con sus interlocutores, pero dándole la espalda a las indispensables soluciones que demanda el país. 

Las encuestas demuestran que los ciudadanos estamos inconformes con lo realizado durante su mediocre mandato. Ejemplo de ello es la más reciente encuesta publicada por Invamer, según la cual la desaprobación de la gestión presidencial supera el 56%, mientras que el 68% de los encuestados consideran que el país va por mal camino. Las cifras hablan por sí solas, siendo coherente la opinión de la gente con los pocos avances del gobierno en temas clave como el desempleo, el asesinato a líderes sociales, la deforestación y el cuidado del medio ambiente, la paz, la corrupción  y una economía que se recupera pero no promete. De hecho, Uno de los temas que más preocupa es el del desempleo, el cual, según el DANE, se ubicó en un 9.8% en el último mes. Sumado a lo anterior, Migración Colombia calcula que en Colombia se encuentran un millón y medio de venezolanos, cifra que aumentará en los próximos meses por el recrudecimiento de las condiciones inhumanas en el país vecino. El problema resulta evidente: día a día más personas buscan oportunidades de trabajo en un país con una economía varada que no las genera. Mientras tanto, la tan promocionada economía naranja no parece salir de la mera publicidad propia, existiendo lentos avances en la consolidación de una economía que se fundamente en la cultura como pilar de producción y desarrollo.

Siguiendo esta linea de desaciertos, tenemos que recordar lo adelantado por el gobierno en lo que respecta a corrupción. Luego de que Duque recibió sonriente en la Casa de Nariño a los sectores que apoyaban la consulta anticorrupción -la cual se hundió, en parte, por la oposición de su jefe político Álvaro Uribe-, se comprometió ante el país a sacar adelante con mensaje de urgencia, varias de las iniciativas de la consulta en el Congreso. Luego de finalizada la primera legislatura de su gobierno,  gracias a su falta de liderazgo y a la tácita resistencia de partidos como el Centro Democrático, tan solo uno de los puntos de la consulta logró consolidarse, mientras que iniciativas como la eliminación de beneficio de casa por cárcel para corruptos se hundió . De nuevo el mandato de millones de colombianos fue ignorado y parece quedar en el olvido.

El pasado 26 de julio más de 15.000 personas se reunieron a lo largo del país para respaldar a las personas que  reivindican los derechos humanos en Colombia y que están siendo asesinadas de forma sistemática e impune. Mientras las marchas buscaban pedirle al gobierno nacional que adelantara medidas eficientes para la protección de los líderes sociales, el gobierno se sumó a la causa, movida que resulta paradójica, dada su incapacidad para implementar medias eficientes para proteger y salvaguardar la integridad de todos esos ciudadadnos ejemplares que buscan sacar adelante el posconflicto. De nuevo, este punto se suma a la amalgama de contradicciones del gobierno, que dada su incapacidad para proteger a los líderes sociales, de manera oportunista marcha para exigirse la protección efectiva de los mismos. 

La paz es un punto indispensable en la agenda política del país que los próximos gobiernos deben  adelantar, y que Duque se ha dedicado a entorpecer bajo la sombrilla del uribismo. En su empresa de dificultar el acuerdo de paz adelantado por el gobierno anterior, el gobierno actual objetó inútilmente seis artículos de la JEP, además de cortar los diálogos de paz con el ELN. Los avances del proceso de reincorporación y reconciliación de los exmilitantes de las FARC han sido ínfimos e incluso muchos de ellos han sido asesinados en varias regiones del país, en donde el gobierno no ha hecho presencia y brilla por su ausencia.

El uribismo, mediante su clásica retórica, parece mantenerse en una oposición tardía, arguyendo las malas decisiones tomadas por Santos  y que, en definitiva, constituyen su único blindaje para defender al presidente, careciendo de argumentos sólidos para justificar la pobre intervención del gobierno en los temas clave para el país. No obstante, como puede verse, los resultados insuficientes de su periodo no se reducen a simple palabrería, sino que pueden verse reflejados en sus malas decisiones y en los pocos aciertos de sus inconvenientes posiciones, las cuales al mismo tiempo van en detrimento de los intereses y necesidades del país. No cabe duda de las razones por las cuales los colombianos nos encontramos renuentes e incrédulos ante la posibilidad de que se enderece en un futuro próximo.

Por: Cristian Dulcey


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