Me atrevería a decir que todo, pero ahí está incluida la guerra. ¿Qué se puede esperar de un país que ha tenido diez procesos de paz y sigue en guerra? ¿Qué esperanzas puede suscitar un país que es hogar del proceso de paz más importante del siglo y que aún así lo rechazó, en principio, en mayoría? ¿Hay acaso algo que rescatar de una tierra que cree que unas disidencias significan el fracaso del proceso de paz, que insiste en votar por las mismas personas que representan el modelo económico que la tienen sometida a un círculo vicioso en el que los grandes capitales cada vez se inflan más, en el que los derechos son mercancía y en el que, claro, los estamentos sociales más bajos son quienes siempre terminan perdiendo? Yo digo que sí, que hay mucho que rescatar, que la esperanza es gigante y que solo podemos esperar lo mejor.
La refundación de las FARC-EP que Iván Márquez, Jesús Santrich, El Paisa y algunas otras figuras destacadas de esa antigua guerrilla anunciaron el pasado jueves generó pánico en el país. Pero no el pánico que le debería generar por una nueva guerra, sino porque va a continuar la que nunca se ha ido. En poca cosa los uribistas tienen razón, pero una ellas es que Juan Manuel Santos si mentía ante la comunidad internacional cuando declaraba de forma constante que en Colombia había cesado la horrible noche, que ya no había rastros de levantamientos armados de ningún tipo. Sin embargo, el anuncio de la segunda Marquetalia extendió el pánico a los sectores de oposición y los llenó de pesimismo, sentimiento que, junto con la rabia, componen la pareja perfecta para mover las masas, para germinar los tweets llenos de decepción, como si el anuncio de los guerrilleros acabara con el proceso de paz que, aún con las zancadillas del gobierno Duque que ha aguantado , sigue en marcha.
Cada semana sale una noticia que lo rectifica, los proyectos productivos, los grados de universidades de alta calidad como Universidad Nacional y la Pontificia Universidad Javeriana, los concursos de deportes extremos y olímpicos y otra cantidad de resquicios de esperanza que han dado la oportunidad a excombatientes de las FARC-EP no son más que la muestra de que la reincorporación, el tránsito político y la pacificación parcial del país marcha hacia adelante, así s ea lentamente. Ejemplo de ello es el anuncio de 185 proyectos productivos que han sido impulsados con dineros públicos, dado por la Consejería para la Estabilización-adscrita al gobierno nacional por la Alta Consejería para el posconflicto*. Debemos aprovechar este momento para destacar ese lado de la historia sin, por su puesto, dejar de pegar los gritos que sean necesarios por los desmovilizados que han sido asesinados o que hoy corren peligro. No siendo más, creo que la respuesta a la pregunta del título es: lo mejor, lo más bonito. Pero la patria bella no es regalada, se lucha y se alcanza, exigiéndole al gobierno, parando, haciendo ruido, apoyando los nuevos horizontes de las y los desmovilizados.
Caricatura: Twitter @bettoespectador (Alberto Martínez, Beto)
Pd: adjunto links de proyectos productivos que están emprendiendo las y los excombatientes que se desmovilizaron en el proceso de paz ratificado hace dos años entre las FARC-EP de entonces y el Estado.
Confecciones La Montaña (ropa casual): https://www.instagram.com/confecciones_lamontana/?hl=es-la
Plural (ropa de uso rural y casual): https://instagram.com/pruralcol?igshid=ui60yl836fac
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Por: Juan Camilo Bustos

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