El Escuadrón Móvil Anti-Disturbios (ESMAD), según la pagina oficial de la policía nacional, es “[...] la dependencia del Comando de Unidades Operativas Especiales, integrada por personal entrenado y capacitado, encargado del control de disturbios, multitudes, bloqueos acompañamiento a desalojos de espacios públicos o privados, que se presenten en zona urbana o rural del territorio nacional, con la eventual materialización de hechos terroristas y delincuenciales, para restablecer el ejercicio de los derechos y libertades públicas”. Sin embargo, la actuación de este sector de la policía nacional ha sido cuestionado en los últimos días por su reacción desproporcionada y excesivamente violenta frente a la protesta social, me uno a esa crítica.
Va uno a ver la realidad y este escuadrón de la policía nacional no es más que factor generador de violencia social, contrario a su supuesta intención de preservar la seguridad del territorio.
A cualquier conocedor(a) de la historia general del país esto no se le haría nuevo, pues la protesta social en Colombia siempre se ha visto fuertemente amenazada por el Estado.
Pero hoy se dice que esas cosas no pasan, que las oscuras épocas del estado de sitio y el estatuto de seguridad ya han cesado, que ya las gentes que acceden al Estado se han visto obligadas a domarse ante las leyes. Nada más falso.
No me parece que la situación sea muy diferente si en la marcha en solidaridad por la violencia desmedida que sufrieron la Universidad Distrital, la Pedagógica y la Javeriana, arrestaron varios compañerxs de forma ilegal, metiéndolos cuál ganado en las tanquetas. No me parece que el ejército que disparó contra los huelguistas del Magdalena en la masacre de las bananeras sea muy diferente al que la semana pasada abrió fuego frente a la Universidad del Atlantico para auxiliar al ESMAD en su labor de reprimir la protesta. Me parece tan criminal el o la agente del ESMAD que con una marcadora le quitó la vista a una compañera de la universidad del Rosario el 27 de septiembre como el escuadrón de policía que el 16 de mayo del 84’ ingresó a la Universidad Nacional a asesinar estudiantes de forma impune e indolente. Es apenas evidente que los y las detentoras del poder aún están logrando satisfacer su necesidad de reventar a quien se atreve a cuestionarles y el ESMAD no tiene otra utilidad que esa.
Viéndolo desde una perspectiva más amplia , no encuentro sustento alguno a un cuerpo policial como el ESMAD en un país que ante la comunidad internacional se muestra como un territorio que cada día ara y siembra paz para lograr desarrollarse. Claro, si el fundamento es más bien que exista una manada de gregarixs dispuestxs a desbloquear una vía golpeando, gaseando y respondiendo desproporcionadamente con un salario como recompensa, pues que siga, pero sepan que esa respuesta común y exagerada es la que realmente genera violencia. La sabiduría popular ha sentenciado que para pelear se necesitan dos y yo sinceramente no me imagino un enfrentamiento de encapuchadxs sin el ESMAD, son ellos y ellas los que van siempre a la ofensiva, los que estallan la mecha de un tropel.
Dejando de lado lo factual, es bueno apelar también a lo jurídico. Este país es, según el primer artículo de su Carta política, una República democrática,participativa y pluralista. Yo interpreto eso como que el gobierno que encabece el Estado deberá estar abierto a escuchar a cualquiera, desde quienes lo critican y le exigen cumplir las ley, hasta quienes lo apoyan, que debe ser garante de que esas voces del disenso logren ser escuchadas. Quienes le han aplaudido siempre a los gobiernos de derecha que se instauran en las elecciones justifican el actuar del ESMAS apelando al artículo veinticuatro, el cual consagra la libertad de locomoción. Es decir, ponderan y optan por otogar mayor peso al derecho que tiene todo colombiano a ciruclar libremente por el territorio y más ligereza al derecho a la participación y a la protesta. Parece ser que el Estado solo escucha a estos últimos y no a los y las estudiantes, campesinxs, poblaciones afro y en general a todo el umbral que conforma la protesta, ma propuesta alterna, esa que siempre termina recibiendo un puñadode gases y balas de caucho como respuesta. El estudiantado que le exige cumplir lo que pacta, la población del campo que exige la implementación de los acuerdos y las gentes del Chocó que al día de hoy no les han cumplido los compromisos del paro cívico de hace dos años. Por esto, por que cualquier voz sea escuchada, me uno al deseo por el #DesmonteDelESMAD, porque no me parece esperanzadora una democracia que sabe a cianuro y huele a lacrimógena.
Este 10 de octubre les invito a salir a las calles por esto, por la corrupción en la Universidad Distrital y por el aniversario del paro nacional universitario, cuyos acuerdos no han sido cumplidos en su totalidad hasta la fecha.
Por: Juan Camilo Bustos
Va uno a ver la realidad y este escuadrón de la policía nacional no es más que factor generador de violencia social, contrario a su supuesta intención de preservar la seguridad del territorio.
A cualquier conocedor(a) de la historia general del país esto no se le haría nuevo, pues la protesta social en Colombia siempre se ha visto fuertemente amenazada por el Estado.
Pero hoy se dice que esas cosas no pasan, que las oscuras épocas del estado de sitio y el estatuto de seguridad ya han cesado, que ya las gentes que acceden al Estado se han visto obligadas a domarse ante las leyes. Nada más falso.
No me parece que la situación sea muy diferente si en la marcha en solidaridad por la violencia desmedida que sufrieron la Universidad Distrital, la Pedagógica y la Javeriana, arrestaron varios compañerxs de forma ilegal, metiéndolos cuál ganado en las tanquetas. No me parece que el ejército que disparó contra los huelguistas del Magdalena en la masacre de las bananeras sea muy diferente al que la semana pasada abrió fuego frente a la Universidad del Atlantico para auxiliar al ESMAD en su labor de reprimir la protesta. Me parece tan criminal el o la agente del ESMAD que con una marcadora le quitó la vista a una compañera de la universidad del Rosario el 27 de septiembre como el escuadrón de policía que el 16 de mayo del 84’ ingresó a la Universidad Nacional a asesinar estudiantes de forma impune e indolente. Es apenas evidente que los y las detentoras del poder aún están logrando satisfacer su necesidad de reventar a quien se atreve a cuestionarles y el ESMAD no tiene otra utilidad que esa.
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| (27/09/19, centro histórico de Bogotá) Foto: Felipe Abondano Ig: @felipeabondano |
Viéndolo desde una perspectiva más amplia , no encuentro sustento alguno a un cuerpo policial como el ESMAD en un país que ante la comunidad internacional se muestra como un territorio que cada día ara y siembra paz para lograr desarrollarse. Claro, si el fundamento es más bien que exista una manada de gregarixs dispuestxs a desbloquear una vía golpeando, gaseando y respondiendo desproporcionadamente con un salario como recompensa, pues que siga, pero sepan que esa respuesta común y exagerada es la que realmente genera violencia. La sabiduría popular ha sentenciado que para pelear se necesitan dos y yo sinceramente no me imagino un enfrentamiento de encapuchadxs sin el ESMAD, son ellos y ellas los que van siempre a la ofensiva, los que estallan la mecha de un tropel.
Dejando de lado lo factual, es bueno apelar también a lo jurídico. Este país es, según el primer artículo de su Carta política, una República democrática,participativa y pluralista. Yo interpreto eso como que el gobierno que encabece el Estado deberá estar abierto a escuchar a cualquiera, desde quienes lo critican y le exigen cumplir las ley, hasta quienes lo apoyan, que debe ser garante de que esas voces del disenso logren ser escuchadas. Quienes le han aplaudido siempre a los gobiernos de derecha que se instauran en las elecciones justifican el actuar del ESMAS apelando al artículo veinticuatro, el cual consagra la libertad de locomoción. Es decir, ponderan y optan por otogar mayor peso al derecho que tiene todo colombiano a ciruclar libremente por el territorio y más ligereza al derecho a la participación y a la protesta. Parece ser que el Estado solo escucha a estos últimos y no a los y las estudiantes, campesinxs, poblaciones afro y en general a todo el umbral que conforma la protesta, ma propuesta alterna, esa que siempre termina recibiendo un puñadode gases y balas de caucho como respuesta. El estudiantado que le exige cumplir lo que pacta, la población del campo que exige la implementación de los acuerdos y las gentes del Chocó que al día de hoy no les han cumplido los compromisos del paro cívico de hace dos años. Por esto, por que cualquier voz sea escuchada, me uno al deseo por el #DesmonteDelESMAD, porque no me parece esperanzadora una democracia que sabe a cianuro y huele a lacrimógena.
Este 10 de octubre les invito a salir a las calles por esto, por la corrupción en la Universidad Distrital y por el aniversario del paro nacional universitario, cuyos acuerdos no han sido cumplidos en su totalidad hasta la fecha.
Por: Juan Camilo Bustos

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